Para aquellos y aquellas que no hayáis tenido la oportunidad de leer el artículo que se publicó en Securitecnia el pasado mes de febrero, os dejamos las reflexiones de nuestro compañero Álvaro Ubierna y unas imágenes de la publicación.

Desde la ingeniería

Resulta curioso saber que Leonardo da Vinci ofreció antes sus servicios como ingeniero militar que como pintor al que fuera su futuro mecenas, Ludovico Sforza, Duque de Milán. Ya a finales del siglo XV el polivalente Leonardo además de construir innovadores artefactos defensivos y de ataque, marcaba las bases de la “defensa en profundidad” formada por anillos concéntricos en las construcciones de la ciudad de Piombino y aconsejaba criterios arquitectónicos para disuadir el comportamiento criminal mediante la “optimización del diseño físico” de las ciudades. Las mismas teorías que utilizamos hoy en día en la ciberdefensa de nuestras empresas y países o que fundamentan el diseño CPTED.

Mi formación como ingeniero de telecomunicación me llevó en los primeros años de vida profesional al mundo de los proyectos de seguridad. Épocas aquellas en las que aún no era común hablar de convergencia IP y menos aún de ciberseguridad.

Defiendo desde siempre esa definición de la ingeniería como la actividad que tiene por objeto transformar el conocimiento en algo práctico. Así que, ejerciendo de ingeniero, siempre he disfrutado del placer que supone aplicar los conocimientos técnicos específicos de mi área en provecho de diferentes sectores de la sociedad o de la economía.

El trabajar en el sector de la seguridad rápidamente me demostró que los conocimientos de electrónica y comunicaciones eran muy útiles para asimilar la tecnología existente y poder aplicarla en mis proyectos.

Posteriormente los años me aportaron la visión necesaria para entender que la tecnología por sí misma poco puede aportar si no se integra en un equilibrado triángulo tecnología-personas-procesos.

Seguramente éstos no fueron conceptos que aprendiera en escuela de ingeniería. Pero aquellos 6 largos años de carrera aportaron, sin duda, la formación necesaria para esa forma de pensar, de estructurar y de plantear los retos.

La referencia inicial a la figura de Leonardo da Vinci no es casual, sino fruto de mi admiración por un personaje con un perfil profesional tan polivalente. Si bien es cierto que en el siglo XXI la sobreabundancia de información y del conocimiento publicado hace imposible repetir una figura similar, no lo es menos que los retos que se nos plantean son cada vez más complejos. El enfrentarnos a estos proyectos con éxito nos exige una mirada muy amplia de nuestra realidad.

Especializándose en seguridad

Hoy en día nadie niega que, en el sistema de bienestar en el que vivimos, el concepto de seguridad percibida gana importancia en nuestro ranking de necesidades básicas.

Ya en 1943, el psicólogo Abraham Maslow situó la seguridad en el segundo nivel de su bien conocida pirámide de la Teoría de Jerarquía de las Necesidades Humanas. Pero han sido los acontecimientos ocurridos en las últimas décadas, especialmente desde el 11-S de 2001, junto con el fenómeno de la globalización, los que han generado una creciente sensación de inseguridad en la sociedad que nos rodea. Situaciones de violencia e incertidumbre que antes veíamos solo a través de nuestros televisores en países remotos, actualmente nos golpean en nuestras propias ciudades.

Precisamente estas circunstancias obligaron a replantear a los responsables de seguridad de los países su vulnerabilidad ante amenazas anteriormente no considerados.

La aparición de estas nuevas necesidades y estrategias de seguridad se plasma en Europa y en España, respectivamente, con la Directiva sobre la Identificación y Designación de Infraestructuras Criticas Europeas (Directiva 2008/114/CE) y su transposición nacional en la conocida Ley 8/2011 de Protección de Infraestructuras Críticas, o Ley PIC.

Traigo a colación esta parte de la reciente historia ya que provoca un radical cambio en el tradicional escenario de la seguridad: si bien hasta entonces los planteamientos en esta área se hacían habitualmente desde visiones parciales y fragmentadas, diferenciando la seguridad física de la seguridad de los sistemas de la información, los nuevos tiempos exigen un enfoque integral y convergente.

Este enfoque empodera la figura del ingeniero de seguridad que, por su formación tecnológica y basada en normas y procedimientos estructurados, se erige como un actor altamente cualificado. Un nuevo perfil más integral que aúna y complementa el binomio tradicional formado por el responsable de seguridad, proveniente muchas veces del mundo de la vigilancia y, por otra parte, el responsable de seguridad lógica o informática, habitualmente más centrado en sistemas.

Por cierto, volviendo a Leonardo, sabemos que éste, además de diseñar prototipos de tanques y defensas arquitectónicas, también codificaba sus notas asentando las bases de la seguridad de la información.

Y una nueva visión independiente, integral e innovadora

A nivel personal, estos acontecimientos coincidieron con la necesidad de un cambio de rumbo profesional, desembocando en la creación en 2017 de RKL INTEGRAL consultoría e ingeniería especializada en seguridad y con un espíritu independiente, integral e innovador.

Son nuevos tiempos que, junto a otras palancas como la globalización, la crecientemente compleja legislación, la fragmentación existente en las empresas, y la ciber-inseguridad que nos amenaza, nos motivan a trabajar para nuestros clientes de formas muy diferente.

Retos que, en nuestro campo, nos obligan a adelantarnos a estos cambios y aprovechar nuestro profundo conocimiento del sector y de la tecnología emergente.  Así, acompañando a nuestros clientes y liderando la Transformación Digital de sus modelos de seguridad, mejoraremos sus procesos de negocio y les proporcionaremos retornos de inversión económicos y sociales.

En este entorno cambiante, no quiero acabar sin destacar la importancia de la participación en colectivos como la asociación AEINSE o los Colegios de Ingeniería, que refuerzan el sentimiento de colectivo, promueven la formación continua y, muchas veces, simplemente facilitan foros informales de encuentro con colegas del sector que facilitan el día a día, tanto desde el punto de vista profesional como personal.

Mucho me temo que el gran Leonardo no compartiría esta última opinión. Básicamente por la imposibilidad de participar en la agenda de tantas asociaciones como áreas abarcaba su extenso perfil profesional: pintor, escultor, músico, cartógrafo, cirujano, arquitecto, ingeniero, tramoyista, inventor … Un auténtico genio.